El dominó de los déspotas

23/Feb/2011

Editorial, El Observador

El dominó de los déspotas

El levantamiento popular en Libia contra 41 años de dictadura de Muamar Gadafi, cada día más extendido pese a la salvaje represión gubernamental, reaviva las llamaradas de protesta de pueblos del Medio Oriente, hartos de una larga historia opresiva de falta de libertad y de oportunidades para una vida mejor. Gadafi busca a sangre y fuego salvarse del dominó de caída de déspotas, como ya ocurrió en Túnez y Egipto y amenaza también a Yemen, Argelia, Bahréin e Irán. Las tropas del coronel libio disparan a quienes se lanzan a las calles, mientras su Fuerza Aérea bombardea sin miramientos áreos de la capital y ciudades del interior.La ola de manifestaciones en este vital país petrolero norafricano no cede pese a la masacre indiscriminada ordenada por Gadafi para aferrarse al poder, cosa que no hicieron ni el presidente tunecino Zine el Abidine Ben Ali ni Hosni Mubarak. Pero al tumultuoso reclamo en todo el país para que abandone el gobierno se agrega la presión de las grandes potencias, preocupadas por el impacto económico del disparado precio del petróleo. Otro problema agudo es lo que ocurra en torno a Israel, ya que algunos de los desacreditados gobernantes árabes aceptaban, en mayor o menor grado, la existencia del Estado judío y hay dudas sobre la actitud de sus sucesores.Hay gobernantes que siguen intentando resistir el maremoto iniciado en Túnez y que se ha extendido en forma incontenible en una reacción en cadena por gran parte del Medio Oriente musulmán. Detrás de las protestas, que involucran mayoritariamente a los jóvenes, está el ansia de libertades básicas, de poder expresarse sin censura o sin temor a la cárcel o la muerte y a estudiar con igualdad de oportunidades para todos, para salir de la pobreza y de las restricciones y limitaciones con que los oprimen dictadores perdurables desde hace décadas.Esta reacción justa ya parece imparable. El dictador tunecino Ben Ali cayó el 14 de enero después de 23 años en el poder. Hosni Mubarak debió renunciar menos de un mes más tarde, poniendo fin a 30 años de gobierno. Gadafi se tambalea, al igual que otros regímenes árabes. El costo en vidas en los levantamientos se cuenta en cientos, sacrificio solo comprensible si conduce al reemplazo de regímenes despóticos con gobiernos legítimos, que se renueven en forma transparente por decisión de los ciudadanos, que busquen soluciones a las necesidades de sus pueblos y que erradiquen la corrupción y el nepotismo que caracterizan a los círculos cerrados de poder autocrático.No es una meta fácil en países que jamás han conocido una verdadera democracia porque pasaron de ser colonias a caer bajo regímenes autoritarios. Egipto parece estar avanzando hacia una apertura democrática, bajo la junta militar que reemplazó a Mubarak hasta las elecciones de setiembre. Pero son aún inciertos los resultados finales en los demás estados de la región donde persisten las rebeliones populares y la represión de sus gobiernos, especialmente en Libia donde su dictador Gadafi, autor de numerosos actos terroristas como la destrucción de un avión de Pan Am sobre Escocia, parece estar dispuesto a ahogar las protestas en un baño de sangre.